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martes, 1 de julio de 2014

Destruyendo la autoestima de mi hijo

Cuando hablamos de “autoestima” nos referimos a la apreciación valorativa que tiene un individuo sobre sí mismo; el desarrollo de la autoestima está influenciado por el entorno social, académico y principalmente por el entorno familiar.
Los niños reciben mensajes verbales y no verbales, acerca de lo valiosos que son a través de nuestras conductas, acciones, actitudes y comportamientos; éstos mensajes no son voluntarios y se repiten en ocasiones día a día, de ahí la importancia de analizar qué mensajes estamos transmitiendo para saber si estamos fortaleciendo o destruyendo la autoestima de nuestros hijos.

¿Cómo puedo destruir la autoestima de mi hijo?

Todos los individuos tenemos necesidades psicológicas básicas tales como: el afecto, las caricias, el reconocimiento de nuestra existencia, etc; un niño buscará satisfacer dichas necesidades a través de los estímulos que recibe de sus padres.


Si los estímulos que recibe un niño son: rechazo, calificativos negativos (ej, tonto, travieso, etc.), y reconocemos su existencia únicamente cuando su conducta es negativa, entonces estamos en el mejor camino para lograr la destrucción de la autoestima.

Para hacerlo más eficiente, reforcemos con algunas frases destructivas:
·                     “mereces que nadie te quiera”
·                     “no sirves para nada”
·                     “inútil”
·                     “no deberías haber nacido”
·                     “siempre haces mal las cosas”
·                     “nunca pones atención”

Ahora agreguemos algunos mandatos falsos, haciendo hincapié en que nuestro cariño depende del logro de los mismos:
·                     “tienes que ser fuerte”
·                     “nunca debes llorar”
·                     “no debes equivocarte”
·                     “no me hagas perder el tiempo”
·                     “siempre debes obedecer

Si después de esto, aún queda algo de autoestima en su pequeño, no se limite, puede usar las siguientes armas:
·                     Búrlese de sus sentimientos
·                     Humíllelo en público
·                     Minimice los problemas que el niño tenga
·                     Evite el contacto o las demostraciones de afecto lo más que pueda.

Como podrá darse cuenta, destruir la autoestima de un niño implica un arduo esfuerzo, requiere que sea constante y persistente, es necesario repetir los estímulos día a día, por lo menos durante un año para que los resultados sean duraderos.

¿CÓMO PUEDO FORTALECER LA AUTOESTIMA DE MI HIJO?
Fortalecer la autoestima es más sencillo de lo que parece, los niños buscan recibir afecto, caricias, el reconocimiento de su existencia, etc.

Podemos comenzar con abrazarlos y acariciarlos sin necesidad de un motivo especial, sin necesidad de esperar a que realice una conducta que nos agrade, sin esperar que obtenga las mejores calificaciones en la escuela, sin esperar un día específico, simplemente: abrácelos.

Dígale a su hijo “te quiero” tan frecuentemente como pueda, no espere a que su hijo satisfaga sus expectativas para decírselo, no espere que él lo infiera, simplemente: dígaselo.

Escuche las ideas de su hijo tanto como pueda, reconozca el valor de sus aportaciones, recuerde que para los niños todo es nuevo, están descubriendo el mundo y lo que a los adultos nos puede parecer obvio, para ellos es un descubrimiento.

Si le es posible, estimule a su hijo con frases como:
·                     “bien hecho”
·                     “la práctica hace al maestro”
·                     “gracias por tus aportaciones”
·                     “valoro tu opinión”

Como podrá darse cuenta, fortalecer la autoestima de su hijo no requiere demasiado esfuerzo, solo es necesario agregar un poco de paciencia, tolerancia, respeto y sobre todo amor.


Los padres de familia tenemos en nuestras manos la formación y desarrollo de nuestros hijos; es nuestra responsabilidad brindarles las mejores herramientas para enfrentar la vida; debemos enseñarles a vivir con espontaneidad; a mantener relaciones sanas y auténticas; a tener confianza en sí mismos y en los demás; a expresar sus sentimientos y reconocer los sentimientos de otros; pero sobre todas las cosas, debemos enseñarlos a amar.


Fuente: http://www.centroapi.com.mx/2013/09/13/destruyendo-la-autoestima-de-mi-hijo/

¿La depresión puede matar?

La depresión por sí misma no es una enfermedad terminal, no mata. Pero puede conducir hacia la muerte cuando, en casos graves, se piensa en el suicidio como una solución. La depresión es una enfermedad que puede afectar a cualquier ser humano. Afecta a adolescentes y adultos; a personas de todos los colores, razas, posición económica y edad; sin embargo, pareciera afectar a más mujeres que hombres durante la adolescencia y la edad adulta. Se caracteriza por un cambio en el estado de ánimo, en el comportamiento o en la forma de pensar, puede llegar a perjudicar las funciones mentales y físicas de quien la padece.

Pero no lo confundamos con la tristeza, porque ésta es un estado de ánimo que podríamos llamar “normal”. El sentimiento de tristeza, normalmente tiene una duración breve, en cambio un estado depresivo es aquel que dura más de dos semanas.
Una persona de quien no mencionaremos su nombre, publicó este mensaje en internet:
“Soy una persona muy inteligente, con muchas bendiciones y me apena sentir como me siento, saber que no me escuchan en mi familia me provoca arrancarme el corazón, y esto me apena. Aún más a pesar que soy maestra y se supone debo mostrar lo bonita que es la vida. Tal vez sean también las pérdidas de 2 miembros de mi familia, pero esta depresión ya me lleva años, desde que era niña y viví cosas que me robaron mi inocencia…”

La depresión puede presentarse por distintas causas. El principal motivo es la pérdida de algo o de alguien: pérdida del trabajo, bienes, perder a un ser querido, a la pareja, la salud, problemas familiares, soledad, estrés cotidiano, o simplemente por pérdida del interés en lo que antes nos agradaba. Cuando se pierde la salud en casos de enfermedades terminales, conduce a algunas personas a estados depresivos en donde se convencen de que la muerte es la mejor solución para ellos, y que el mundo estaría mejor sin ellos.

La depresión se manifiesta generalmente como tristeza, se llora con facilidad con o sin motivo definido, aislamiento, falta de concentración, trastornos del sueño, inestabilidad emocional, trastornos en la alimentación, agitación e ideas de suicidio. La depresión, incluso, alcanza a la estabilidad emocional de algunos niños. Y las mujeres tienen un mayor índice de prevalencia de esta enfermedad debido a problemas hormonales, antes o después de la menstruación. Durante el embarazo o después del parto, y en la menopausia.

La buena noticia es, que sí tiene cura. El tratamiento de la depresión y su efectividad, depende de la naturaleza y severidad de la depresión de la que se trate. Actualmente existen tratamientos muy eficaces para tratar la depresión. Por ello, es importante que la persona que sospeche estar en un estado depresivo. Cuando aparezcan los primeros síntomas, acuda a un especialista de la salud, con un psicólogo. Antes de que la enfermedad la inmovilice.

Fuente: http://www.centroapi.com.mx/2014/06/15/la-depresi%C3%B3n-puede-matar/

Mi hijo tiene TDAH, ¿Eso es grave?

Los padres de Víctor, quien cursa el tercer grado de primaria, desesperados ante las constantes quejas de la maestra del pequeño y las conductas que ha presentado también en casa desde hace ya más de dos años, acudieron a solicitar ayuda al psicólogo.

Los padres mencionan que Víctor no respeta a las figuras de autoridad tales como a su maestra, a sus padres y a su hermana mayor a quien incluso agrede a golpes. Acostumbra a interrumpir las conversaciones, miente con frecuencia, es desordenado con su ropa y sus útiles escolares, no le gusta compartir sus juguetes y tiene problemas con sus compañeros. Además es demasiado impulsivo y no mide los riesgos de su comportamiento por lo que constantemente se lastima.

Después de aplicar algunos tests y de profundizar en la historia clínica de Víctor, el psicólogo explicó a los padres que el niño tenía un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, con predominio del tipo hiperactivo-impulsivo. Al escuchar el diagnóstico del psicólogo, la madre rompió a llorar y preguntó: ¿y eso es grave?

Las personas con este trastorno (TDAH) tienen la tendencia de iniciar una tarea y antes de terminarla, pasar a otra y a otra, sin concluir ninguna. A menudo no son capaces de seguir instrucciones. Son demasiado  inquietos, no permanecen sentados, desean saltar o jugar cuando no deben de hacerlo. Dan palmadas, mueven las manos y pies excesivamente. Parece que están con un motor en marcha. Estas manifestaciones pueden producirse en el hogar, en la escuela o cualquier otro sitio. Aunque esto depende de la edad y el nivel de desarrollo del niño.

El trastorno de Víctor no es grave desde el punto de vista mental -aseguró el doctor-, pero puede serlo, si no se presta la debida atención a su impulsividad. La respuesta del psicólogo a la madre, pareció tranquilizarla.
Actualmente, con la cooperación de la familia y la aplicación de las técnicas y los instrumentos adecuados, el psicólogo ha estado tratando al menor, quien muestra una reducción y eliminación de los comportamientos disruptivos que lo caracterizaban.

En este tipo de trastornos como en muchos otros, el éxito del tratamiento psicológico necesita de la cooperación de todos aquellos que, de una u otra manera tienen que ver con la conducta del niño, desde los padres, hermanos, abuelos, tíos, primos, etc.


En conclusión, el TDAH no es grave, pero es muy importante que los padres acudan a solicitar ayuda profesional en cuanto observen algunos de los síntomas que ya hemos  mencionado, ya que cuando se interviene en los inicios del problema, el tratamiento puede tener éxito en menor tiempo.

Fuente: http://www.centroapi.com.mx/2014/06/28/mi-hijo-tiene-tdah-eso-es-grave/